“SER VICENTE TIENE UN PRECIO” Por Rosaura Barahona

Ser Vicente tiene un precio

Rosaura Barahona

01 Mar. 2016

La semana pasada hubo una noticia que debimos releer para creer: un joven de 19 años, César Alejandro de León Delgado, mató a su ex novia, Perla Rebeca Alvarado Tovar, de 14 años, de un balazo en la cabeza. César huyó a Laredo y las autoridades tratan de localizarlo.

Asesinar un joven de 19 a una niña de 14, ¿por qué? ¿Qué rollos enfermizos traerá César en su cabeza? “¿O mía o de nadie?”. ¿Celos? ¿A los 19 años arruinar su vida por algo inexplicable?

También la semana pasada una mujer decapitó a su amante. No es que la violencia entre adultos sea más aceptable, sino que la violencia entre adolescentes va en aumento, cuando hasta hace poco casi no existía.

Las cosas han cambiado mucho de unos años para acá: las niñas de 13 o 15 años parecen de 17 o más: se maquillan, usan tacones altísimos, faldas cortísimas, escotes pronunciados y viven horarios inadecuados.

Muchos chavos adolescentes ya fuman, beben, manejan como bólidos, parrandean hasta altas horas de la noche, dicen palabrotas todo el tiempo y son machines a más no poder… para orgullo de sus papás.

Los papás de unas y otros se justifican entre sí “porque así es ahora”, como si las modas que les tocó vivir fueran incuestionables y no seguirlas fuese un pecado mortal.

Desentonar y nadar contra la corriente es esencial cuando se nos trata de imponer algo absurdo o indebido. Pero como el niño y la niña “deben ser aceptados”, pues que se echen sus cheves y “fajen”, si es necesario.

Hay un dicho que dice: “¿A dónde va Vicente? A donde va la gente” Pobres criaturas, no tienen la culpa de tener padres que son Vicentes y sólo van a donde va la gente porque no se atreven a ser diferentes.

La fruta que se comía antes maduraba en el árbol. Podían no ser frutos idénticos por fuera, pero eran una delicia y su olor nos invitaba a comerlos porque al llevarlos a casa todo olía a manzana o a durazno o a piña o a mango. Ahora la fruta, de tan bella que es, parece sacada de un cuadro, pero ha perdido olor y sabor.

Hoy muchos niños y jóvenes citadinos no han probado las manzanas, aunque las coman con frecuencia porque se maduran artificialmente y ya no saben a manzana.

Y así también muchos jóvenes hoy son madurados a fuerza. Me recuerdan los aguacates perfectos que compramos y que, al partirlos, están podridos, negros o sin consistencia.

Ni esos chicos y chicas ni sus padres entienden que el crecimiento físico sano exige nutrir el cuerpo, la mente y el espíritu, un número mínimo de horas para dormir, no beber, no fumar, no drogarse y no tener relaciones sexuales ni por romance ni por mera diversión, mientras maduran.

El mundo de esos jóvenes está saturado de mensajes alentadores equivocados y las mamás y los papás, a menudo, se comportan como si fueran incapaces de explicarlo a sus hijos y luego se quejan, con amargura, de su comportamiento.

Pero eso es si hay padres. ¿Qué sucede cuando no hay papá, mamá o ninguno de los dos? ¿Quién acompaña? ¿Quién orienta? ¿Quién centra? ¿Quién llama la atención? ¿Quién determina las consecuencias? ¿Quién apoya? ¿Quién comprende?

El número de alumnas y alumnos de secundaria expulsados de colegios privados y de escuelas sigue aumentando de forma preocupante. Muchos de ellos han sido formados con principios rígidos y conservadores, pero su inseguridad y falta de pudor son tales que toman fotos de sus partes íntimas y las envían a amigos con derechos, sin derechos, compañeros de clase, vecinos o lo que sea para ser aceptados, mostrar su audacia, ganarle a fulana o a zutano o ser descubiertos por un agente de modelos.

Quienes los esperan con ansia en las redes y los descubren son los tratantes de personas. Y no para hacerlos famosos en las pasarelas.

¿Es que así es ahora?

No, así dejamos que sea. Por eso los adultos debemos estar más atentos a cualquier comportamiento extraño entre niños y adolescentes. Muchos papás están al tanto de lo que hacen sus hijos dentro de lo visible y cotidiano, pero prefieren ignorar lo que hay en sus oscuras mentes y lúbricas tentaciones.

Los Vicentes sobran. Urge tener papás sin miedo a desentonar.

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